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Hace siete años que trabajo profundamente con el tema de la herida materna. Y aunque es muchísimo tiempo y durante estos años he investigado, acompañado a cientos de mujeres y desarrollado un modelo propio de trabajo, nunca me había atrevido a nombrarlo como lo que realmente es:
He creado mi propio sistema de trabajo para sanar la herida con mamá.
Y hace unos días me di cuenta de algo que me dejó pensando muchísimo.
Mi dificultad para nombrar lo que he creado. Mi exceso de timidez frente a lo que soy. Mi tendencia a mostrar solo aquello con lo que me siento completamente segura.
Y por supuesto el miedo a MOLESTAR.
Y todo esto tiene su propia historia.
Con mi propia herida materna aprendí a mostrarle a mamá solo aquello que sabía que ella aceptaría.
Aquello sobre lo que no haría comentarios catastróficos, desaprobatorios o que terminaran abrumándome aún más.
Porque, aprendí que mamá no siempre tenía la capacidad emocional de recibir todo lo que me pasaba.
Y entonces hice lo que muchas hicimos cuando sentimos que algo de nosotras no tiene suficiente espacio para ser recibido:
Aprendí a esconder partes de mí y lamentablemente, esto sigue operando en el presente.
Y aunque llevo 13 años como psicoterapeuta y 7 trabajando e investigando sobre la herida materna, me puedes creer que no lo había visto de la forma en que lo veo ahora.
Así que una de las colitas que queda de mi herida materna, es el esconderme y enclaustrarme en mí misma para que el mundo pueda ver solo una pequeñita parte.
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